Manifiesto

La magia me autoriza a desobedecer y a morirme en la paz de los que saben que la piel es un límite impreciso. Y que tras la apariencia del final hay un ciclo de ave, tierra, niño, tortuga, dátil, mujer de nuevo. Otra mujer ¿y qué? La magia me autoriza a no tomarme en serio que soy un individuo único, irrepetible, piel adentro. Prefiero parecerme a cada ser. La magia me autoriza. Y ya muerta llegar a la tortuga, al alacrán, al risco, como quien vuelve a casa.

Liliana Bodoc

La magia nos autoriza, y nos autoriza la voz de la propia autora, a proclamar el primer principio de la fundación. Para pregonarlo en voz alta, de modo que llegue a los oídos, se multiplique en las manos y prospere en los imaginarios de quienes acompañen este recorrido. Fallaríamos en este intento si, en este acto fundacional, en este impulso originario y provisorio, definieramos este espacio planteando límites fijos, unívocos, paredes adentro. Fallaríamos también si nos tomáramos demasiado en serio la apariencia de final de quién, generosamente y atreviéndose a cuestionar los límites de su propia piel, le dió el soplo de vida a esta fundación que honramos con su nombre. Nos atrevemos entonces a desobedecer, y a soñar un espacio que nos encuentre la Madre de Los Confines. Que nos encuentre, no para ponerla en un sitio inmóvil, en un cuadro, en una estampa, sino para multiplicarla en el pulso de los nuevos ciclos. Para que, por obra y gracia de la magia y del arte, continúe en cada acto creativo.

Todo principio se hace prolífico, se activa, por así decirlo, cuando opera sobre una realidad fundante. Cuando tensa los hilos de una red preexistente y los proyecta como nuevas líneas sobre el firmamento. Así, nuestro primer principio se intrinca íntimamente con una convicción:

Liliana Bodoc más que una artista, más que un conjunto de obras, es una práctica, es un modo de volcarse hacia el mundo. Y es en torno a este presupuesto, a esta mirada expandida sobre la vida y trayectoria de la Madre de Los Confines, que construimos los propósitos y la dirección de este espacio.

La práctica convoca, a nuestro entender, tres conceptos: el ejercicio, la acción, y la transformación. Nos invita no sólo a contemplar la obra como un objeto cerrado y concluido sino a “ejercer el oficio de poetas”. No sólo a admirar su colosal imaginario, sino a ensayar otros modos de comprometer la ficción y la realidad, de instalarnos en la cooperación entre ambos dominios. Nos convida a mirar el recorrido de una artista, pero más profundamente a seguir sus pasos. A llegar con las palabras a cuestas hasta las escuelas más alejadas, a las soledades más recónditas. A sumergirnos en la grieta de un poema para derribar muros conceptuales y sensibles. A devolverle a la oralidad su destronado sitio en la producción del saber. A batallar en los confines del lenguaje para hacerlo en los confines del mundo. Para, atreviendonos a desobedecer, arrojarnos el derecho y el deber de cantar bellamente, de imaginar y, finalmente, de hacer de nuestras vidas una insinuación, un gesto, un acto creativo.

Por eso, como haría Liliana, abrimos nuestra fundación como una casa, o como se puede abrir un corazón. Para que sea un sitio de límites imprecisos donde la Madre de Los Confines no sea un fin sino un comienzo, no un límite sino un horizonte. Para que, como lo hacen los hijos, hagamos de la continuidad un acto creativo. Porque más allá aún de una práctica, Liliana nos propone un modo de habitar y caminar el mundo.

Romina Bodoc

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